Sevilla armó dos líneas de 4 muy juntas para neutralizar el potencial de los dirigidos por Pep Guardiola. De este modo, obligó a Adriano y Villa a actuar muy pegados a la línea de cal y Messi a vivir totalmente aislado en 20 metros a la redonda.
Con el correr de los minutos, los locales empezaron a jugar más y a robar más arriba. Antes del descanso, llegó un disparó de Villa y otro de Messi que el arquero andaluz desbarató gracias a sus excelentes reflejos. El Sevilla, que sólo había llegado con un remate de Navas que Valdés envió al córner, había sobrevivido al Camp Nou en una meritoria primera mitad.
Los culés salieron con todo en el complemento. Sin la precisión quirúrgica de otros días, lo porfió casi todo al gran momento de Iniesta, quien pegado a la banda izquierda intentó sembrar el caos en la defensa andaluza.
Él mismo Iniesta, Villa y Messi probaron fortuna antes del cuarto de hora, pero sus remates o no encontraban puerta o se encontraban una vez más con un cada vez más inmenso Javi Varas.
El Sevilla apostó definitivamente por blindar su área y buscar su oportunidad en alguna contra de Navas. Pero a estas alturas del choque, Barcelona le exigía demasiado para tomarse ningún tipo de alegría ofensiva.
En el descuento, Fazio derribó a Iniesta cuando éste se disponía a enfrentar a Varas. Iturralde González, el árbitro, pitó penal, pero Messi, que no estaba en su noche, malogró la opción para que los suyos continúen punteros de la liga.